Uno de los puntos fuertes de Netflix son sus series de ficción. Quizá por ello, cuando a la plataforma de streaming le da por adentrarse en el drama histórico, tiende a tomarse alguna que otra libertad y la precisión y la veracidad queda en segundo plano en favor del entretenimiento y el espectáculo. Pero una cosa es tomarse licencias creativas en aras del entretenimiento y otra muy distinta reinterpretar la realidad desde una ideología política y social. Una ideología que sólo tiene cabida entre las quinientas ocho millas que separan San Francisco de San Diego, con Los Ángeles en medio como epicentro de la incultura buenrollista.Sin ir más lejos, entre sus adoctrinamientos históricos más sonados de los últimos años están intentar convencernos de que Cleopatra era negra, de que la Virgen María era una rebelde lujuriosa y, en el caso que nos ocupa, que el defensor de la democracia y la monarquía Emilio Alonso Manglano conspiró para destruir las jóvenes libertades de España en los primeros años de la década de los ochenta. Todo ello no sólo sin pruebas sino con claras evidencias de lo contrario. 'Asalto al Banco Central' se basa en el atraco y secuestro de rehenes en el Banco Central de Barcelona el 23 de mayo de 1981, tres meses después del fallido intento de golpe de estado de Tejero, Armada, Milans y compañía. Como miniserie de ficción tiene muchas virtudes: una producción esmerada, un ritmo acertado y un formato de tan solo cinco episodios que la hace tremendamente fácil y entretenida de consumir. Ahora, como presunta narración de un hecho real es una catástrofe y una irresponsabilidad histórica. Noticia Relacionada reportaje No El atraco de unos quinquis que hizo temer un segundo 23-F Elena Burés El asalto al Banco Central puso en jaque al Gobierno democrático, con la toma de 300 rehenes, tres meses después del golpe de TejeroLa adaptación de acontecimientos reales, al contrario que la ficción, exige un rigor casi periodístico, compromiso con la verdad y sentido de la responsabilidad para con las personas involucradas en ellos. Especialmente si estas personas han fallecido y no se pueden defender de acusaciones infundadas e imprecisiones deliberadas. De todo ello han carecido alarmante y negligentemente Daniel Calpalsoro en la dirección y Patxi Amezcua como guionista. Lo de pintar a Manglano como el villano tenebroso y el autor intelectual del atraco es sencillamente obsceno. Alterar de forma deliberada y tendenciosa detalles como que el entonces Teniente Coronel de la BRIPAC no fue nombrado director del CESID hasta la misma mañana del atraco o que su desempeño a lo largo de las dos décadas anteriores fue siempre pro democrática y anti golpista roza la calumnia. Sin ir más lejos, durante el golpe de estado del 23F, Manglano puso sus tropas al servicio y protección de la frágil democracia española a riesgo de haber pagado con su cabeza en caso de haber tenido éxito dicho intento. Recomiendo encarecidamente a quienes quieran ahondar en estas imprecisiones ver la gran explicación que Javier Chicote y Juan Fernández-Miranda, jefe de investigación y adjunto a la dirección de ABC respectivamente, han tenido el gran acierto de publicar en formato vídeo. Contar historias y contar la Historia son dos negocios con consecuencias muy distintas y Neflix y sus colaboradores harían bien en abstenerse de lanzar acusaciones sin pruebas sólo para añadirle picante a un producto. Y no, un escueto rótulo diciendo que de lo que se acaba de contar no existen pruebas ni se ha demostrado, no consigue ni de lejos lavar las manos de quien anteriormente ha adulterado voluntariamente la verdad.